Medir el peso y la talla de tu hijo es algo más que una simple rutina: es una manera de asegurar que está creciendo de manera saludable. En Creciendo Bien, entendemos lo importante que es este seguimiento, por eso presentamos una herramienta que facilita este proceso: la calculadora de crecimiento. Si alguna vez te has preguntado si tu hijo está creciendo correctamente según su edad, esta herramienta es para ti. Aquí te contamos cómo usarla y por qué es tan útil.
¿Por qué medir la talla y el peso de tu hijo regularmente?
Las medidas de talla y peso son indicadores importantes de cómo se está desarrollando tu hijo. Cada niño tiene su propio ritmo de crecimiento, pero los pediatras utilizan tablas de referencia que nos ayudan a saber si un niño está dentro del rango esperado para su edad y sexo. Sin embargo, con la calculadora de crecimiento de Creciendo Bien, no solo tienes acceso a esos datos, sino que también puedes analizar cómo se comparan con las tablas de crecimiento y obtener recomendaciones personalizadas.
¿Cómo usar la Calculadora de Crecimiento de Creciendo Bien?
Usar la calculadora de crecimiento es muy sencillo. Solo debes ingresar tres datos: edad, peso y talla de tu hijo. La herramienta comparará estos datos con los rangos establecidos según su edad y sexo, proporcionándote una visión clara del estado de su crecimiento. Para saber más puedes hacer clic aquí.
¿Qué te ofrece la calculadora?
•Análisis rápido: En pocos segundos, obtienes un análisis detallado de si tu hijo está dentro del percentil esperado para su edad.
•Recomendaciones personalizadas: Si los resultados están fuera de los rangos esperados, la calculadora sugiere acciones a seguir, como centros pediátricos alrededor a tu ubicación.
¿Cuándo debería consultar a un especialista?
Aunque la calculadora de crecimiento de Creciendo Bien es una herramienta poderosa para monitorear el desarrollo de tu hijo, siempre es importante buscar la opinión de un pediatra si los resultados muestran que su crecimiento no se ajusta a los parámetros esperados. Si la calculadora indica que tu hijo está por debajo del percentil de crecimiento o experimenta una desaceleración significativa, un especialista podrá evaluar si existe alguna condición subyacente, como un trastorno hormonal, y recomendar el tratamiento adecuado.
En conclusión, es una excelente herramienta para que los padres mantengan un control cercano del desarrollo físico de sus hijos. Al ingresar datos simples como talla, peso y edad, puedes obtener un análisis detallado que te ayudará a asegurarte de que tu hijo esté creciendo de manera saludable.
Todos hemos estado ahí: nuestro hijo se comporta diferente y algo no cuadra. Quizás duerme peor, está más irritable o simplemente parece… apagado. Antes de entrar en pánico, respira hondo. El estrés infantil existe, es más común de lo que pensamos, y lo mejor es que podemos hacer mucho al respecto.
No todo el estrés es malo (sí, leíste bien)
Contrario a lo que solemos creer, hay tipos de estrés que realmente benefician a nuestros hijos. Por ejemplo, esos nervios antes de un examen o de un partido importante. Esa tensión los prepara, los mantiene alerta y, cuando la superan, desarrollan confianza en sí mismos.
El problema viene cuando el estrés se vuelve pesado y constante. Ahí es donde tenemos que intervenir.
¿Por qué se estresan los niños?
Las razones son muchas y, sinceramente, a veces nos sorprenden. Lo que para nosotros puede parecer trivial, para ellos es un mundo:
- En el cole: Ese examen de matemáticas, el compañero que los molesta, o simplemente sentirse excluidos del grupo
- En casa: Un divorcio, una mudanza o incluso problemas económicos que captan aunque no hablemos de ello
- Dentro de ellos mismos: Los cambios en su cuerpo, esa sensación de «no soy suficiente» o la presión de cumplir con todo
Las señales que debemos vigilar
Tu hijo probablemente no va a decirte «mamá, estoy estresado». Pero su cuerpo y comportamiento sí te lo dirán:
Físicamente, podrías notar que come menos, se queja de dolores de cabeza o de barriga, tiene pesadillas o incluso vuelve a mojar la cama cuando ya había dejado de hacerlo.
Emocionalmente, tal vez lo veas más ansioso, con miedos que antes no tenía (a la oscuridad, a quedarse solo), más pegado a ti de lo normal, o con explosiones de llanto o rabia que parecen salir de la nada.
¿Qué podemos hacer los padres?
Aquí viene la parte importante: no se trata de eliminar todo el estrés de su vida (imposible), sino de enseñarles a manejarlo.
- Primero lo primero: crea un ambiente predecible en casa. Las rutinas los tranquilizan más de lo que imaginas. Una cena juntos, un cuento antes de dormir… esas cosas simples son su ancla.
- Escucha de verdad. No para solucionar, sino para entender. A veces solo necesitan sentir que los oyes, sin juicios ni respuestas inmediatas.
- Dales algo de control. Déjalos elegir su ropa para el día siguiente o qué merienda quieren preparar. Pequeñas decisiones que les hacen sentir que tienen poder sobre su vida.
- Muévanse. El ejercicio es magia pura contra el estrés. Un partido en el parque, bailar en la sala, lo que sea que los haga moverse.
Y por favor, cuida tu propio estrés. Ellos nos observan todo el tiempo y copian cómo reaccionamos ante la presión.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si notas que tu hijo se aísla mucho, está triste la mayor parte del tiempo, tiene problemas serios en la escuela o simplemente no logra controlar sus emociones pese a tus esfuerzos, es momento de hablar con un profesional. No hay nada de malo en buscar apoyo externo. De hecho, es lo más inteligente que puedes hacer.
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Imagina esto: Es temprano, tu hijo está uniformado y tú tienes el teléfono listo para la foto del recuerdo. Todo parece bajo control… hasta que llegan a la puerta del aula y se aferra a tu pierna como si no hubiera un mañana. O quizás es al revés: entra corriendo sin mirarte, y eres tú quien se queda en el pasillo con esa mezcla rara de alivio y nostalgia. Cualquiera de los dos escenarios es más común de lo que crees.
¿Estará listo? ¿Se adaptará rápido? ¿Llorará mucho? ¿Lloraré yo? Si alguna de estas preguntas te ha cruzado por la cabeza, estás en el lugar correcto. Preparar a tu hijo o hija para este momento no depende de tener todo perfecto, sino de saber qué esperar y cómo acompañarlo en su adaptación escolar.
Lo que pasa dentro del cerebro de tu hijo
Cuando un niño de tres, cuatro o cinco años llora en la puerta del jardín, no está siendo caprichoso. Su cerebro todavía está aprendiendo a manejar las emociones, y enfrentarse a un lugar nuevo, con personas desconocidas y sin mamá o papá cerca, activa una respuesta real de alerta.
La ansiedad por separación, esa que hace que se aferre o llore, es en realidad una señal de que el vínculo contigo funciona bien. Significa que te reconoce como su lugar seguro. El trabajo ahora es ayudarlo a descubrir que puede estar bien, aunque ese lugar seguro no esté siempre presente.
Algo que los especialistas en desarrollo infantil repiten mucho y que vale la pena recordar es: los niños pequeños leen el estado emocional de sus padres. Si tú llegas al jardín tenso y angustiado, él lo nota. Si llegas tranquilo y convencido de que va a estar bien, tu hijo también lo nota. No se trata de fingir que todo es perfecto, sino de mostrarle con tu actitud que ese nuevo lugar no tiene nada de amenazante.
Habilidades prácticas para ejercer en casa
Una de las cosas que más estresa a los niños en un espacio nuevo, y que casi ningún padre anticipa, es no poder hacer cosas solos. Las maestras tienen a cargo grandes grupos de niños y no siempre pueden ayudar a cada uno con cada detalle.
Darle autonomía en lo cotidiano es uno de los mejores regalos que puedes hacerle antes de que empiece.
- Alimentación: Que aprenda a abrir su lonchera y su botella sin ayuda, y que pueda pelar una mandarina o una banana solo, sin que nadie tenga que intervenir.
- Baño: Que reconozca cuándo tiene ganas de ir y sepa pedir permiso, y que después se lave las manos él mismo sin que se lo recuerden.
- Vestimenta: Que pueda ponerse y quitarse el uniforme solo, subir un cierre, abrocharse los botones y ponerse la chompa cuando tiene frío, sin esperar a que un adulto lo haga por él.
- Pertenencias: Que sepa dónde guarda su mochila en casa, que reconozca sus cosas y pueda encontrarlas cuando las necesita.
Nada de esto es sobreexigirle. Se trata de que llegue al cole sintiéndose capaz, no perdido.
La rutina importa más de lo que crees
El cerebro de los niños pequeños funciona mejor cuando sabe lo que viene. Las sorpresas, los cambios bruscos, los horarios que varían cada día pueden generarle un ruido interno que los cansa antes de tiempo.
Unas semanas antes de que empiecen las clases, vale la pena ir ajustando los horarios de la mañana, como levantarse, desayunar y vestirse siempre a la misma hora. No tiene que ser perfecto desde el primer día, pero el cuerpo agradece ese orden.
Un recurso que funciona muy bien con los más pequeños es poner en la cocina una lista con dibujos de los pasos de la mañana. Que él mismo vaya marcando lo que ya hizo. Eso, que parece un juego, activa en los niños un sentido real de responsabilidad y les hace sentir competentes.
Herramientas para el mundo social y emocional
El jardín es el primer gran espacio donde tu hijo va a tener que negociar, esperar, ceder, incluir y ser incluido. Y aunque no hay forma de prepararse para todo, sí hay actividades que ayudan.
Los juegos de mesa, por ejemplo, enseñan sin que el niño se dé cuenta: a esperar su turno, a seguir reglas, a tolerar que a veces uno pierde. Eso en el aula vale mucho.
También ayuda practicar en casa el vocabulario emocional. Cuando esté frustrado, ayudarle a decir «estoy enojado» en lugar de gritar. Cuando esté nervioso, enseñarle que puede respirar profundo, contar hasta cinco, o abrazar su peluche. No como una técnica ensayada, sino como un hábito natural que pueda usar solo cuando sienta que las emociones le ganan.
La preparación para el jardín no se mide en si el primer día sale perfecto o no. Se mide en todo lo que construyeron juntos antes de llegar a esa puerta: los hábitos practicados en casa, las emociones que pusieron en palabras, las mañanas que enfrentaron con calma. Todo eso deja huella, aunque en el momento no lo parezca.
Y cuando sientas que no estás haciendo suficiente, recuerda esto: los niños no necesitan padres perfectos. Necesitan padres presentes. Y tú ya estás aquí.
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Como padres, observamos con asombro cada pequeño hito en la vida de nuestros hijos, desde sus primeros pasos hasta la rapidez con la que dejan atrás su ropa favorita. A veces, ese instinto protector nos susurra que algo no va bien, como una fatiga inusual o un crecimiento que parece haberse estancado. Este artículo busca transformar esa inquietud en conocimiento clínico, permitiéndote actuar con decisión para proteger el futuro y la salud de tu pequeño.
¿Qué es el hipotiroidismo infantil?
Imagina que tu hijo tiene un pequeño «centro de control» en forma de mariposa en su cuello: la glándula tiroides. Su función es producir hormonas (T3 y T4) que actúan como el combustible para que los órganos funcionen al ritmo correcto. El hipotiroidismo ocurre cuando esta glándula no produce suficiente cantidad de hormonas. Si este «motor» se ralentiza, todo el cuerpo del niño también comienza a trabajar más lento de lo necesario para su desarrollo óptimo.
Existen dos tipos de hipotiroidismo según el momento de aparición. El congénito está presente al nacer y se detecta mediante el tamiz neonatal en los primeros días. Por otro lado, el adquirido surge durante la infancia o adolescencia. En ambos casos, el cuerpo no recibe suficiente combustible hormonal para un desarrollo óptimo, lo que requiere atención especializada. Identificarlo a tiempo permite que el metabolismo recupere su ritmo natural y el niño crezca con normalidad.
Importancia de la tiroides en el desarrollo infantil
Estas hormonas son fundamentales porque dictan el ritmo del desarrollo físico y mental. En la infancia, se encargan de la maduración de los huesos y del crecimiento físico del cuerpo. Sin niveles adecuados, un niño no alcanza su potencial de altura. Es vital actuar pronto, puesto que una deficiencia en los primeros tres años de vida puede causar alteraciones neurológicas irreversibles. Por ello, el tiempo es esencial para proteger tanto la estatura como las capacidades intelectuales de tu pequeño.
Señales de alerta que debes observar
Identificar el hipotiroidismo requiere observar detalles sutiles. Es fundamental saber que la disminución en la velocidad de crecimiento puede ser el único signo presente durante años antes de que aparezcan otros síntomas.
Síntomas físicos y de energía:
- Crecimiento: Notarás que el niño deja de cambiar de talla de ropa al ritmo habitual o se queda notablemente por debajo de sus compañeros.
- Cambios Físicos: Piel seca, cabello quebradizo, pulso más lento (bradicardia) o «facies tosca», que incluye párpados y labios ligeramente hinchados.
- Bocio: Un aumento del tamaño del cuello que puede ser difuso y es más visible si el niño traga saliva o inclina la cabeza hacia atrás.
- Afectación General: Sensación de frío constante, estreñimiento y un aumento de peso moderado que no se explica por cambios en la alimentación.
- Rendimiento escolar: Algunos padres retrasan la consulta porque ven al niño más calmado, menos distraído o con una aparente mejoría en la concentración. En realidad, esto suele ser letargia o falta de energía, confundida erróneamente con «buen comportamiento».
- Apatía: Un desinterés inusual por el juego, somnolencia excesiva o un cansancio que le impide terminar sus tareas diarias.
El camino hacia el bienestar
La noticia más reconfortante para los padres es que el hipotiroidismo es una condición altamente tratable. El objetivo es simplemente reponer la hormona que el cuerpo no fabrica, permitiendo que el niño recupere su desarrollo normal. Es vital acudir con un endocrinólogo pediátrico, el especialista capacitado para ajustar el tratamiento según el niño crezca.
Con el apoyo adecuado, tu hijo podrá disfrutar de una vida completamente saludable, activa y llena de energía, alcanzando cada una de sus metas de crecimiento sin limitaciones.
¡Cada centímetro cuenta! Lleva un registro del crecimiento de tu peque y, si sientes que algo ha cambiado en su ritmo de desarrollo, nuestraCalculadora de Crecimiento te dará una referencia clara y confiable para llegar más preparado/a a la próxima consulta con su pediatra.
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Las alergias son un aviso de nuestro organismo que futuras infecciones, las cuales son avisadas con una inflamación dependiendo del tejido que está siendo dañado.
¿Existe una sola forma de alergia?
No, las alergias pueden presentarse de diversas formas, como urticaria, problemas respiratorios o en casos más graves un shock anafiláctico.
¿Cuándo debemos estar alertas de una posible alergia?
- Existe un brote o inflamación en la piel.
- Hinchazón de una parte de la piel.
- Tos o problemas para respirar.
- Enrojecimiento que cambian de ubicación en el cuerpo.
¿Cómo detectar una alergia?
- Realizarse un test cutáneo.
- Análisis de sangre.
- Test de provocación.
¿Se puede heredar las alergias?
Sí, ya que tiene base genética a un 50% es probable que si los padres son alérgicos a algún alimento los/as hijos/as también.
Recuerda visitar al médico pediatra en caso de una sospecha de una alergia, para poder actuar a tiempo.
Cada vez son más las personas que optan por un estilo de vida vegetariano/a ya sea por salud o por el amor a los animales, en cualquiera de los casos se recomienda tener ciertos puntos en consideración según la edad de cada uno.
En caso de lactantes y niños/as menores a 2 años:
Existen suplementos que son necesarios para el crecimiento de los/as niños/as, como la vitamina B12, yodo y omega 3, los cuales los podemos encontrar en pastillas.
En el caso de las lactantes se recomienda que las madres tomen estos suplementos para poder otorgarlo a sus hijos/as, en caso esto no sea posible se puede reemplazar por adaptaciones como fórmulas de soja o hidrolizadas de arroz.
Como en todo caso la alimentación complementaria debe iniciar a partir de los 6 meses, en caso de los/as vegetarianos/as se puede iniciar con legumbres, tofu y huevo como último paso.
También es importante tener en cuenta que hasta el año de edad no se debe consumir algas, ni miel.
En caso de niños mayores a 2 años:
Los/as niños/as mayores a 2 años pueden comer lo mismo que toda la familia, con la única diferencia de ser adaptada a su edad (porción).
En esta etapa los adolescentes requieren de muchos nutrientes para su crecimiento y desarrollo por ello deben comer legumbres a diario que será el alimento que aporte el hierro que ellos necesitan, también consumir alimentos ricos en vitamina C, y evitar el café y té en las comidas principales.
Tranquilo, la intolerancia a la lactosa no es una enfermedad.
De hecho, ser intolerante a la lactosa es uno de los síntomas más comunes, esta se produce porque la lactosa que no se digiere, llega a la parte baja del intestino y allí es fermentada por las bacterias normales, esto produce glucosa, ácidos y gases, que son los que causan los síntomas
1.Congénita: Esta es muy rara de presentarse, consiste en nunca se producir lactasa lo que produce síntomas graves desde la primera vez que se toma leche, incluso con la leche materna.
2.Primaria tardía: Esta es la más común, la actividad de la lactasa es alta al principio, pero baja de forma natural a partir del destete.
3.Secundaria: Esta se presente de forma frecuente, está asociada a algunas enfermedades que causan daño a la pared intestinal donde está la lactasa.
Es usual que los síntomas aparezcan después de consumir leche, por ejemplo, en los niños después del desayuno, para ello se recomienda no minimizar los síntomas como:
– Dolor abdominal
– Gases
– Diarrea
Dejar de consumir leche hará que los síntomas desaparezcan, y se puede usar otro tipo de leche como coco, soya, almendras u otras (no para lactantes)
En resumen, la intolerancia a la lactosa es más común de lo que creemos, solo debemos estar atentos a los síntomas para suspender el consumo de leche y tomar otras acciones.
Nuestro cuerpo no produce vitaminas, estas las obtenemos por medio de los alimentos, en el caso de los/as niños/as la principal fuente es la leche materna y de biberón.
Los/as niños/as saben cuánto deben comer, como padres la función es decidir qué alimentos estarán presentes en cada comida, sin olvidar que estas deben ser variadas y balanceadas, muchas veces pensamos que nuestros hijos comen poco, pero lo importante es que coman lo suficiente.
Las vitaminas que los/as niños/as necesitan están presentes en legumbres, frutas, verduras y cereales, a excepción de la vitamina D que la adquirimos con la exposición solar, por ello es importante la actividad física al aire libre.
En conclusión, no es necesario agregar vitaminas en pastillas u otras presentaciones si la alimentación de nuestro/a hijo/a es la adecuada para su edad.
Los/as niños/as necesitan tener una alimentación adecuada para ayudar a un crecimiento correcto según su edad, la etapa escolar (6 a 11 años) es donde podemos aprovechar en establecer hábitos alimenticios que favorecen a su crecimiento como:
1. Tomar un desayuno completo: Este incluye lácteos, pan y fruta, lo cual aporta proteínas y vitaminas.
2. Comer algo saludable a media mañana: Aquí pueden comer una snack o fruta.
3. Almuerzo variado: Este debe ser dividido en 3 partes
– Vegetales
– Carbohidrato (arroz, papa o pasta)
– Proteína (pollo, carne o pescado)
4. Merienda de media tarde: Aquí se recomienda un vaso de leche o yogurt, también puede ser una fruta.
5. Cena en familia: Algo más ligero como una sopa, verduras o frutas.
Recuerda que es importante que durante este proceso ellos sean guiados con el ejemplo, si todos en casa comen de forma saludable esto ayudará a que ellos también quieran hacerlo y se sientan acompañados en el proceso.
Las grasas son parte de la nutrición de los/as niños/as, pero existen diferentes como las grasas trans, grasas saturadas y las grasas saludables que son las que debemos consumir dentro de nuestra dieta.
Las grasas saludables se encuentran en estos alimentos:
- Frutos secos: Estos son recomendados para niños mayores de 5 años para evitar un posible atragantamiento, y la mejor de ellas son las nueces.
- Semillas oleaginosas: Lo recomendado es comerlas trituradas para que el organismo pueda asimilarlas y no desecharlas enteras.
- Pescado azul: Se recomienda comprarlos frescos y que estos estén al natural y no bañados en aceite.
- Aceites vegetales: El más recomendables es el aceite de oliva extra virgen, pero también está el aceite de girasol, maíz y soja
- Aguacate: Este es rico es grasas monoinsaturadas.
Recuerda que el consumo de cualquier grasa debe llevar un control y no hacer abuso de ellas.