Todos hemos estado ahí: nuestro hijo se comporta diferente y algo no cuadra. Quizás duerme peor, está más irritable o simplemente parece… apagado. Antes de entrar en pánico, respira hondo. El estrés infantil existe, es más común de lo que pensamos, y lo mejor es que podemos hacer mucho al respecto.
No todo el estrés es malo (sí, leíste bien)
Contrario a lo que solemos creer, hay tipos de estrés que realmente benefician a nuestros hijos. Por ejemplo, esos nervios antes de un examen o de un partido importante. Esa tensión los prepara, los mantiene alerta y, cuando la superan, desarrollan confianza en sí mismos.
El problema viene cuando el estrés se vuelve pesado y constante. Ahí es donde tenemos que intervenir.
¿Por qué se estresan los niños?
Las razones son muchas y, sinceramente, a veces nos sorprenden. Lo que para nosotros puede parecer trivial, para ellos es un mundo:
  • En el cole: Ese examen de matemáticas, el compañero que los molesta, o simplemente sentirse excluidos del grupo
  • En casa: Un divorcio, una mudanza o incluso problemas económicos que captan aunque no hablemos de ello
  • Dentro de ellos mismos: Los cambios en su cuerpo, esa sensación de «no soy suficiente» o la presión de cumplir con todo

 

 

Las señales que debemos vigilar
Tu hijo probablemente no va a decirte «mamá, estoy estresado». Pero su cuerpo y comportamiento sí te lo dirán:
Físicamente, podrías notar que come menos, se queja de dolores de cabeza o de barriga, tiene pesadillas o incluso vuelve a mojar la cama cuando ya había dejado de hacerlo.
Emocionalmente, tal vez lo veas más ansioso, con miedos que antes no tenía (a la oscuridad, a quedarse solo), más pegado a ti de lo normal, o con explosiones de llanto o rabia que parecen salir de la nada.
¿Qué podemos hacer los padres?
Aquí viene la parte importante: no se trata de eliminar todo el estrés de su vida (imposible), sino de enseñarles a manejarlo.
  • Primero lo primero: crea un ambiente predecible en casa. Las rutinas los tranquilizan más de lo que imaginas. Una cena juntos, un cuento antes de dormir… esas cosas simples son su ancla.
  • Escucha de verdad. No para solucionar, sino para entender. A veces solo necesitan sentir que los oyes, sin juicios ni respuestas inmediatas.
  • Dales algo de control. Déjalos elegir su ropa para el día siguiente o qué merienda quieren preparar. Pequeñas decisiones que les hacen sentir que tienen poder sobre su vida.
  • Muévanse. El ejercicio es magia pura contra el estrés. Un partido en el parque, bailar en la sala, lo que sea que los haga moverse.
Y por favor, cuida tu propio estrés. Ellos nos observan todo el tiempo y copian cómo reaccionamos ante la presión.
¿Cuándo pedir ayuda?
Si notas que tu hijo se aísla mucho, está triste la mayor parte del tiempo, tiene problemas serios en la escuela o simplemente no logra controlar sus emociones pese a tus esfuerzos, es momento de hablar con un profesional. No hay nada de malo en buscar apoyo externo. De hecho, es lo más inteligente que puedes hacer.
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Referencias

Radcliff, Z. (2023). Estrés infantil: Cómo pueden ayudar los padres. Nemours Children's Health. https://kidshealth.org/es/parents/stress.html  
Medline Plus Enciclopedia Médica. (2024). Estrés en la niñez. MedlinePlus Enciclopedia Médica. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/002059.htm