La primera vez que un papá o una mamá ve a su hijo en medio de un terror nocturno, la reacción más común es no saber qué hacer. El niño grita, suda, tiene los ojos abiertos y aun así parece que no está del todo despierto. Llamarlo no funciona. Abrazarlo tampoco. Y la escena, aunque dura pocos minutos, se queda grabada.
Lo que vale la pena saber es que esto tiene explicación. Los terrores nocturnos no son pesadillas, aunque a primera vista se confundan fácilmente. Las pesadillas nocturnas ocurren en la segunda mitad de la noche, cuando los sueños son más vívidos, y el niño las recuerda al despertar. En cambio, los terrores nocturnos aparecen en las primeras horas del sueño, cuando el cerebro está en su fase más profunda, y a la mañana siguiente el niño no recuerda absolutamente nada de lo que pasó.
Suelen presentarse entre los 4 y los 12 años, y es entre los 5 y los 7 cuando los episodios tienden a ser más frecuentes, justo en plena etapa escolar.
¿Cómo saber si son terrores nocturnos?
Vale la pena saber reconocerlos, porque en el momento del episodio es fácil confundirse. Algunos de los signos más comunes son estos:
- El niño se sienta abruptamente, grita con una intensidad que asusta o incluso salta de la cama.
- Notará que el niño transpira, tiemble o respire muy rápido.
- El pequeño tiene los ojos abiertos, pero la mirada perdida, como si no estuviera viendo nada. No reconoce a sus padres ni reacciona cuando lo llaman.
- Si intenta abrazarlo, el niño puede patear o empujar sin darse cuenta.
Algo que también llama la atención sobre estos episodios es que rara vez ocurren durante las siestas. Casi siempre pasan en las primeras horas de la noche, muchas veces antes de que los propios padres se hayan ido a dormir.
¿Por qué le pasa esto a mi hijo?
La causa exacta todavía no se conoce del todo, pero sí hay factores que claramente los disparan. El más común es la falta de sueño: un niño agotado o con rutinas de descanso irregulares tiene más probabilidades de tener estos episodios. También influyen el estrés emocional, la fiebre, los ruidos fuertes durante la noche y hasta tener la vejiga muy llena. Si sospechas que el estrés puede estar jugando un papel en los episodios de tu hijo, revisar nuestro artículo: Estrés infantil: señales que no debes pasar por alto.
Hay algo que sorprende a muchos padres cuando lo escuchan por primera vez: si ambos papás tuvieron terrores nocturnos en su infancia, el riesgo de que el niño los tenga también sube al 60%. No es algo que se pueda evitar del todo, pero sí se puede manejar.
Lo otro que vale mencionar es que algunos medicamentos, como los antihistamínicos o los sedantes, pueden alterar las fases del sueño y favorecer estos episodios. Y el consumo de bebidas con cafeína en niños, aunque parezca menor, también entra en la lista de factores a revisar.
La buena noticia es que la gran mayoría de los niños supera esta etapa al llegar a la adolescencia, sin necesitar ningún tratamiento específico.
Qué hacer en casa durante un episodio
Esto es lo que más les cuesta a los padres: quedarse quietos mientras su hijo parece estar sufriendo. Pero intervenir de más puede empeorar las cosas.
- Mantenga la calma: El niño no está sufriendo de la manera en que parece, puesto que es un proceso fisiológico del que él no es consciente y que no recordará. Además, intentar despertarlo puede provocar más confusión, más agitación y un episodio más largo.
- Proteja su integridad: Si el niño camina o intenta salir de la cama, guíalo suavemente de regreso sin brusquedad. Conviene también bloquear las escaleras con rejas de seguridad y asegurar las puertas exteriores con llave, especialmente si ya ha habido episodios anteriores en los que el niño se ha levantado.
- Informe a los cuidadores: Si su hijo se queda con una niñera, explíquele qué son estos episodios para que no entre en pánico ni intente despertarlo.
La higiene del sueño infantil
Muchos episodios de terrores nocturnos se pueden reducir con algo tan concreto como asegurarse de que el niño duerma las horas que necesita. La Academia Americana de Medicina del Sueño tiene recomendaciones respecto a las horas de sueño por edades:
- Niños de 1 a 2 años: 11 a 14 horas.
- Niños de 3 a 5 años: 10 a 13 horas.
- Niños de 6 a 12 años: 9 a 12 horas.
Si los episodios son frecuentes y ocurren siempre a la misma hora, aplique la técnica del despertar anticipado. Consiste en despertar al niño suavemente unos 30 minutos antes de la hora habitual del episodio. Esta pequeña interrupción altera el ciclo y puede evitar que el cerebro entre en el estado de despertar incompleto.
El sueño y el crecimiento van de la mano
El descanso no es solo una cuestión de energía para el día siguiente. Durante el sueño profundo, el cuerpo del niño produce hormona de crecimiento, consolida el aprendizaje y repara tejidos. Noches de mala calidad, de forma repetida, terminan afectando mucho más que el humor del niño al despertar.
Cuidar la rutina de sueño y atender a tiempo señales como los terrores nocturnos es parte de acompañar bien el desarrollo de un hijo. Y si tienes dudas sobre si tu hijo está creciendo de manera adecuada, nuestra Calculadora de Crecimiento puede ayudarte a tener una referencia clara en cada etapa.
Referencias
HealthyChildren.org. (2023, 18 de octubre). Pesadillas, terrores nocturnos y sonambulismo en niños: cómo pueden ayudar los padres. HealthyChildren.org https://www.healthychildren.org/Spanish/ages-stages/preschool/Paginas/nightmares-and-night-terrors.aspx?utm_source=
Leung, A. K., Leung, A. K., Leung, A. A., Leung, A. A., Wong, A. H., & Hon, K. L. (2019). Sleep Terrors: An updated review. Current Pediatric Reviews, 16(3), 176-182. https://doi.org/10.2174/1573396315666191014152136